¿Cómo se forma la atracción hacia el mismo sexo?
Después de hacernos la pregunta “¿Por qué siento esto?”, es muy común que surja otra aún más profunda: ¿Cómo se forma la atracción hacia el mismo sexo? Y es que esta pregunta es muy importante porque hay quienes dicen que desde que tienen uso de razón han sentido atracción por personas del mismo género, dando la impresión de haber nacido así.
Este pensamiento es muy peligroso porque deja a la persona sin argumentos creyendo que estas atracciones nacieron con ella, es decir, que hacen parte de su identidad y que, al parecer, no queda otro camino que aceptar algo que se siente antinatural o no deseado, de ahí el término Atracción Indeseada al Mismo Sexo (AIMS), que no es lo mismo que una identidad homosexual, y esto es importante aclararlo.
La primera, hace referencia a una atracción que no se desea, con la que no se está de acuerdo. Por este motivo hay una lucha interna en la persona que se esfuerza por ocultarla; es aquí donde se genera esa doble vida en la que, de piel para afuera, todo parece funcionar con normalidad, pero de piel para adentro, se vive una verdadera batalla por esconder pensamientos, emociones y acciones que pueden poner en evidencia una atracción con la que no se está de acuerdo, aunque es real en la persona.
La segunda, la identidad homosexual, es un destino al que se llega después de transitar por la AIMS. Es cuando finalmente la persona deja de luchar y termina por aceptar que esas atracciones definen su identidad. Ya no las resiste, sino que las abraza; ya no hay una doble vida, hay una sola… la de la identidad homosexual.
Sin embargo, nadie nace homosexual y, aunque hay sentimientos que parecen surgir de la nada, la realidad es que no aparecen de forma repentina. Lo que quiero decir es que estas atracciones se van formando a lo largo del tiempo, a través de procesos internos que muchas veces pasan desapercibidos. Sí, la atracción al mismo sexo es un tema mucho más complicado que simplemente resumirlo con un: “yo nací así”.
En muchos casos, estas atracciones comienzan a partir de necesidades emocionales como el afecto, la aceptación, el reconocimiento, la protección o la afirmación. El corazón humano busca conexión, pero cuando esa necesidad no es satisfecha correctamente, puede tomar direcciones equivocadas.
Lo que inicia como algo sutil o aparentemente pequeño puede ir creciendo con el tiempo, hasta volverse una lucha difícil de entender y manejar. Por ejemplo, una persona que no recibió afecto o validación puede comenzar a buscar esa conexión de formas que no comprende del todo.
En mi caso, después de vivir una herida fuerte en mi adolescencia relacionada con la relación con mi mamá, sin darme cuenta comencé a buscar la manera de llenar esa necesidad emocional. Con el tiempo, eso fue tomando forma en una atracción hacia el mismo sexo, que en el fondo reflejaba una necesidad no resuelta.
Juan Varela en su libro, la homosexualidad, Pastoral de la atracción al mismo sexo, ofrece una imagen que aporta bastante claridad al tema. Él plantea que la sexualidad es como un río que sigue un cauce natural. Es una corriente que sigue un camino demarcado por la ley natural de Dios resumida en Génesis 2 de la siguiente manera:
“Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Génesis 2:21-24 RVR1960
Las mismas palabras estuvieron en los labios de Jesús en Mateo 19:4-6 cuando lo retaron a hablar sobre el divorcio. Esa es la corriente natural y sana de la sexualidad. Sin embargo, este cauce puede ser desviado hacia maneras antinaturales de vivir la sexualidad.
Esto sucede cuando se presentan una serie de acontecimientos en la vida de una persona, a las que el autor, volviendo con Juan Varela, les llama factores de riesgo. Estos factores se presentan durante la niñez, etapa en la que se forja el carácter y se define la personalidad. Son acontecimientos que van marcando la vida de la persona y que pueden determinar una posible confusión en su orientación sexual. A continuación, intentaré describir brevemente cada uno:
Herencia de la familia origen. Acá entran las convicciones, los prejuicios, las actitudes, los comportamientos… todo lo que recibimos en nuestra interacción con nuestros padres, hermanos o con los que hayamos convivido en esos días de infancia que a menudo no queremos recordar.
Herencia cultural. Esta hace referencia al ambiente social en el que crecimos, al concepto de hombre o mujer, de masculinidad o feminidad que se tenía y si percibimos que encajábamos o no según lo que pensaba la sociedad al respecto. Por ejemplo, una niña que prefiere jugar al fútbol que con muñecas puede verse confundida en su entendimiento de lo que es una mujer si la cultura que la rodea juzga duramente este tipo de comportamientos en una niña.
Temperamento sensible. Estas personas resienten con mayor facilidad los embates del mundo. Los comentarios negativos, las burlas de sus compañeros o familiares, o las pocas demostraciones de afecto son cosas que pueden llegar a afectarle de tal manera que decida retraerse aislándose en su propio mundo, lo que termina por afectar sus habilidades sociales. En el caso de un niño con este tipo de temperamento, a menudo puede llegar a sentirse más identificado con el mundo de las niñas creando un sentimiento de inadecuación de género al no tener claro a qué bando pertenece.
Abusos sexuales y erotización traumática. Se trata de experiencias puntuales donde la persona ha sido expuesta a algún tipo de abuso o violación sexual en sus distintos grados, y que condicionan y culpabilizan a la víctima en su percepción de una sana sexualidad. Hay que destacar que un alto porcentaje de varones homosexuales sufrieron algún tipo de abuso sexual en algún punto de su infancia o adolescencia.
Heridas heteroemocionales. “La mayoría de los especialistas coinciden en afirmar que un altísimo porcentaje de hombres homosexuales han tenido un vínculo excesivamente fusionado y dependiente de la madre […] en el vínculo con la madre el problema suele darse por sobreprotección, y en muchos casos con la carencia afectiva del padre, lo que provoca que el niño se feminice por el instinto de imitación a la figura parental con la que pasa más tiempo. La ausencia del padre produce la dependencia de la madre”. Juan Varela. Libro La Homosexualidad, Pastoral de la atracción al mismo sexo. Páginas 59.
Heridas homoemocionales. “Aquí la herida no es por sobreprotección sino por desidentificación o distanciamiento emocional. El asunto se agrava porque el niño al no recibir el refuerzo del padre de su propio género, se produce un ‘vacío de género’ […] y esto provoca una herida en tres frentes: ausencia de carácter masculino, sobredimensión del mundo femenino y necesidad de masculinidad que en etapas posteriores se sexualiza con la atracción al mismo sexo”. Juan Varela. Libro La Homosexualidad, Pastoral de la atracción al mismo sexo. Página 60.
Es importante mencionar que estos factores no son determinantes, pero sí son condicionales, es decir, un solo factor no vuelve a nadie homosexual, pero la sumatoria de muchos de ellos aumentan drásticamente las probabilidades de que una persona se confunda en sus atracciones y pase de una Atracción Indeseada al Mismo Sexo, a asumir una identidad homosexual.
Así pues, a partir de experiencias como estas, se van formando patrones internos que influyen en lo que sentimos. Esto nos muestra que hay un proceso interno. Una vez más, lo que hoy sientes no apareció de la nada; se fue desarrollando con el tiempo.
Pero entender cómo se formó lo que hoy sientes no es para condenarte, sino para abrir la puerta a la sanidad. Dios no quiere ser un espectador en tu vida. Él desea intervenir, restaurar y sanar aquellas áreas que han sido heridas. Si bien somos producto de nuestro pasado, no somos prisioneres de él.
Aquello que se formó con el tiempo… también puede ser transformado.
OTROS ARTÍCULOS QUE PUEDEN SER DE TU INTERÉS
Tu identidad impacta tu conducta
20 preguntas que suelen hacerse quienes luchan con AIMS
TESTIMONIOS QUE PUEDEN INSPIRARTE
