Nací en un hogar cristiano, a la edad de 4 años fui abusado por mi cuidadora, crecí pensando que eso era un juego, pues así fue como me enseñaron que eso era. Pasó el tiempo y de alguna forma olvidé aquellas cosas, sin embargo a los 9 años de edad fui expuesto a pornografía. Desde esa edad me enganche a ella y a la edad de 13 años uno de mis compañeros de clase me enseñó a auto satisfacerme con la pornografía. Quedé enganchado.

Mientras yo estaba hundido en el pecado sexual, a la edad de 12 años empecé a involucrarme en la iglesia, primero serví como colaborador con un grupo de jóvenes, ayudaba a limpiar y ordenar sillas, posteriormente a los 15 años me desvié totalmente y me alejé de la iglesia. Me sumergí en un mundo de más adicciones, con tal de dejar mi adicción principal, intenté quitarme la vida un par de veces, pensaba que mi vida no valía la pena, pues era prácticamente un adicto y pensaba que la única solución para salir de mi adicción era morir. Las personas con quienes bebía en ese tiempo de alguna forma fueron usadas por Dios, después de ese tiempo regresé a la iglesia.

A los 16 años regresé a la iglesia, tenía y sentía el llamado y empecé a asistir a un grupo de jóvenes en la iglesia, empecé a predicar, me mantuve por 20 días sin caer en pecado sexual, mis motivaciones no eran las correctas y después de esos 20 días seguí con lo mismo. En ese proceso estudié Teología, pero yo seguía en mi pecado, era un necio, pensé que en ese proceso dejaría el pecado, pero no fue así, es más, empeoró la situación.

Con el tiempo conocí a una de mis maestras y amiga, que trabajaba en el ministerio, siempre me comentó del ministerio, pero yo en mi orgullo decía: No necesito de eso, puedo salir solo. No confesaba mi pecado a nadie tampoco, mi pensamiento era: La Biblia dice que se lo confiese a Dios y no a los hombres. Eso hacía, confesar a Dios mi pecado, oraba, oraba y oraba, pero yo seguía igual o peor, incluso después de orar caía en pecado. Incluso fue allí donde empece a tener curiosidad por la homosexualidad, no me atrajo, pero seguía con mi pecado.

Al terminar los 4 años de preparación teológica, yo me sentía vació por dentro, frustrado, habían decisiones que tomar, y no me sentía digno ni con la solvencia para poder pastorear o liderar una iglesia o a un grupo de jóvenes, aunque estaba haciendo ministerio los fines de semana en una iglesia. Por esa razón no me puse a cargo de un ministerio, me estanqué, y renuncié al ministerio en el que estaba.

Después de mi graduación, viví frutado durante una año, veía como mis compañeros tomaban posiciones de su ministerio, hacían su vida, se casaban, y yo me decía: “Tenes 23 años, no tenes una relación significativa, estas estancado, frutado, deprimido”. En ese momento regresó aquel pensamiento de suicidio a mi mente, y soy sincero, en mi estaba esa lucha de si suicidarme o no. Dios a través de una predica del Dr. Ricky Marroquín habló a mi vida, me di cuenta que era mi pecado el que me había llevado a ese punto, lo que hice fue buscar ayuda psicológica, porque en ese entonces aun tenia orgullo en mi corazón, y no quería tomar el curso, en la segunda sesión psicológica la persona que me trataba me recomendó que tomará el curso de LEC.

Durante este proceso Dios ha estado trabajando con mi orgullo, entendí que mis motivaciones para cambiar eran egoístas y no eran las correctas, también comprendí que sabía mucha Biblia, pero no la vivía, que era un religioso. En este proceso Dios ha quitado ese corazón de piedra y ha puesto en mi un corazón de carne, me han ayudado a quitar mi vieja vestimenta y me han ayudado a revestirme, de una persona nueva, diferente distinta.

He entendido que Jesús me ha concedido la libertad, he entendido que significa libertad y que Jesús es el único camino, la única vía. El me ha perdonado por todo eso, y ahora entiendo que sin Jesucristo yo no puedo hacer nada y entiendo que el seguirá podando las ramas secas para que pueda llevarle mucho fruto.

El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante. Juan 10:10