TOMÁS

En este curso he podido recordar el gran amor que Dios tiene para conmigo, he podido comprobar que el primero que se ha hecho daño he sido yo mismo con mis afirmaciones y etiquetas que me he autoimpuesto…

Nací en el seno de una familia cristiana evangélica, por lo que desde bien pequeño siempre estuve en la Iglesia. Acepté a Jesucristo como mi Salvador y Señor, me bauticé a los 12 años y enseguida me involucré en el servicio en la iglesia, principalmente en la alabanza.

Llegando a la adolescencia sufrí abuso sexual que hizo que algo en mí se rompiera. Durante todos estos años he estado en una lucha con la pornografía, masturbación y también con la atracción al mismo sexo.

En 1992 me casé con una mujer ejemplar y tenemos dos hijos gemelos. En 1995 decidí prepararme para ser pastor y tuve el privilegio de servir en dos iglesias, pero siempre durante todos esos años había una gran lucha en mi interior que no podía vencer, pecaba una y otra vez  y después venía el arrepentimiento, pero al poco tiempo volvía otra vez al mismo ciclo. Esto provocaba  una gran tensión y lucha porque yo quería servir a Dios, además era pastor de una iglesia. Toda esta situación provocó que me encerrara, que viviera una vida de hipocresía y mentira para evitar ser descubierto. Llegué a pensar que no había solución, que debía cargar con esa cruz toda mi vida.

Finalizó la etapa como pastor y durante más de 8 años estuve trabajando en un trabajo secular. En el tiempo que estuve sirviendo pude conocer un ministerio de sanidad interior y pude trabajar varios aspectos de mi pasado, sanar heridas internas que llevaba como la de un padre ausente y autoritario, una madre abusiva emocionalmente y también compartir mis luchas a nivel sexual, e incluso estuve colaborando llegando a ser uno de los líderes, pero el problema continuaba, en momentos más pausado, en otros momentos más activo.

Me veía a mí mismo sucio, incapaz, mentiroso e hipócrita por dar una imagen de creyente espiritual y comprometido hacia los demás, cuando por dentro estaba manteniendo esas luchas tan fuertes y sin posibilidad de hablar con nadie de una manera totalmente sincera y abierta.

Conocí de  Libres en Cristo hace años, pero nunca me planteé el hacerlo porque pensaba que a pesar de mis luchas internas, creía que lo podía controlar.  En parte tenía el derecho de hacerlo y disfrutar del placer pasajero que eso suponía, pero no me daba cuenta del daño tan grande que estaba ocasionando a mi esposa, a mi familia y a la obra de Dios, porque incluso llegué a pensar que Dios me había rechazado totalmente para su Reino. Hice  el test sobre el nivel de adicción sexual y al ver los resultados me decía que lo podía controlar.

Hace unos meses mi esposa me confrontó directamente al saber que continuaba con esas luchas  después de haber asistido a unas sesiones de liberación, viendo su dolor y el daño que le había hecho decidí que ya era el momento de cerrar ese ciclo y de cambiar, de romper con esta dinámica enfermiza, tan dañina y decidí inscribirme en el curso definitivamente.

Durante estos meses me acompaño  mi mentor Luis Ochoa, una de las cosas que más me ha ayudado y  más sanidad me ha traído ha sido el poder hablar sin tapujos, poder decir todo lo que había en mi interior, poder compartir sin miedo y sin reparos a otra persona que sabía que me entendía, que no me juzgaba y que estaba para ayudarme y guiarme. Nunca antes había podido hablar de la manera que he hablado y aunque un gran océano nos separa desde el primer momento encontré a una persona totalmente accesible y disponible las 24 horas.

En este curso he podido recordar el gran amor que Dios tiene para conmigo, he podido comprobar que el primero que se ha hecho daño he sido yo mismo con mis afirmaciones y etiquetas que me he autoimpuesto, he podido ver cuán baja estaba mi autoestima como hombre, he podido comprobar lo sanador que es el compartir, el hablar, el tener objetivos claros y sobre todo tener la meta delante de que todo es para la gloria de Dios. Han sido unos días difíciles en donde pude notar que muchos procesos internos me estaban haciendo daño, descubrí que con la ayuda de Dios y de su Espíritu podía tener el control de las situaciones, podía tomar las decisiones correctas, que cada día podía ser una victoria delante de Dios y mantenerme puro.

En este tiempo, Dios ha ido restaurando mi vida sexual, mi manera de verme, mi manera de relacionarme, Dios ha hecho grandes cosas en mí, me siento liberado, tengo la libertad de poder estar delante de la gente y ser yo mismo, servir a Dios y a su Iglesia porque ahora, soy libre en Cristo. El proceso no se ha acabado, sigue abierto hasta el fin de mi vida, esperando lo que Dios va a hacer con todo esto incluso con este testimonio,  deseo que otros puedan experimentar lo que yo he experimentado y ayudar a otros a hacer este mismo viaje de libertad  pues Dios está renovando el deseo de servirle en su Iglesia, todo sea para su Gloria.

 

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2016-10-16T19:45:34+00:00 15 Junio, 2016|
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