Oscar L.
Mi nombre es Oscar, mi mentor es Eduardo Mejía.
La primera vez que vi pornografía, tenía doce años. Encontré un juego de cartas con imágenes pornográficas; meses después un vecino me hablo sobre la masturbación, e hice la prueba, no entendía que me había puesto una cadena en el cuerpo de la cual me llevaría años liberarme.
Acepte a Jesús en mi corazón a los diecisiete años, y fue un cambio genuino en el cual rompí la cadena de adicción al alcohol que también adquirí a temprana edad, pero con el tiempo tuve acceso a la televisión por cable, abrí otra puerta de destrucción en mi vida: veía pornografía, me masturbaba y el domingo llegaba a la iglesia pidiendo perdón.
Así pase años en la obscuridad, volviendo al vomito cada día. En mi Iglesia comenzaron un grupo para ayudar a personas con adicciones sexuales, pues tomé el valor de entrar y comenzar el curso; corté el cable, pero después comencé a trabajar en el mismo horario de las reuniones, y en mi trabajo abrí otra puerta; el internet, de nuevo acceso a pornografía.
Cuando cumplí 25 años me casé (en mi mente entenebrecida, creí que era buena idea tener novia, aunque era un adicto sexual) y creí que todo el problema iba a terminar. ¿Qué creen? me equivoqué. Seguía viendo pornografía en mi trabajo, al llegar a casa no tenia deseos de tener intimidad con mi esposa porque me sentía sucio; pensaba: “No puedo hacerle esto a mi esposa, le estoy siendo infiel”.
En mi trabajo pusieron un filtro de internet, y ahora lo que hacía era mirar a las mujeres con lujuria. Apenas tenía 8 meses de casado cuando fui a un congreso para Lideres Juveniles, en el cual conocí de LEC, al volver le dije a Dios si solo por esto fui a ese congreso, valió la pena, comencé el curso de Libertad Pura.
Mi primer choque con la libertad fue la pregunta que en el curso encontré: “¿Busco la libertad por razones equivocadas?” Dios limpió mi mente, mi corazón y mi cuerpo, me enseñó a beber del agua viva, cada día. Jesús me libertó de una cadena que yo mismo me puse hace trece años.
Hoy vivo en libertad pura un día a la vez, disfruto mi matrimonio, me mantengo enfocado en Jesús. Soy libre, y le doy toda la gloria a Dios.









