Danilo
Bueno, Gracias a Dios por tan grande bendición, mi mentor se llama Juan Gómez, por la gracia de Dios he podido encontrar la libertad que había anhelado tener desde hace mucho tiempo.
Desde mi niñez fui afectado por abusos de parte de mis primos y de algunos trabajadores que laboraban en la finca de mi papá, sus abusos iban desde incitarme a autosatisfacerme hasta a cometer bestialismo. Crecí con mucha dificultad para relacionarme con los demás, incluso ya en mi secundaria me quedaba muy difícil relacionarme con mis compañeros de curso o hacer amistad con alguna persona.
Siempre tuve curiosidad por explorar mi cuerpo y en el área sexual me fui pervirtiendo hasta el punto de cometer actos inmorales muy bajos, a mitad de mi secundaria empecé a sentir atracción sexual por mis compañeros de curso, y esto fue creciendo. Me autosatisfacía utilizando como estimulo pensamientos lujuriosos con compañeros de colegio o con algún hombre que me pareciera atractivo, empecé a frecuentar el internet en busca de algo mas fuerte que me estimulara sexualmente.
En el pueblito donde vivía era muy difícil entrar a internet, por eso cuando viaje a la capital encontré mucha mas facilidad para entrar a observar pornografía homosexual y anhelar un encuentro con algún hombre, así me fui pervirtiendo mas y mas.
Mi familia hasta el momento no sabía nada de mi situación, cuando se enteraron intentaron muchas formas de ayudarme, psicólogos, charlas con mis familiares, hasta me aconsejaron asistir a una iglesia cristiana donde se “expulsaban demonios”. Asistí por varios meses con la esperanza de que podría ser “sanado” milagrosamente y no causar dolor a mi familia y llegar a ser un hombre normal.
Estaba equivocado hasta ese entonces pues lo que yo necesitaba era una genuina libertad del pecado y ser salvo de la condenación a la cual llevaba éste. Estando en aquella iglesia asistí a un campamento de un ministerio argentino donde verdaderamente se me predico el evangelio y decidí creer en Cristo como mi Salvador por primera vez, pero seguía errado en cuanto a querer ser libre de toda tentación y deseo carnal por los hombres.
No comprendía que era una batalla hasta el fin de mi vida, empecé a asistir a una nueva iglesia en la que se predicaba la Biblia en una manera sólida, allí después de un tiempo compartí a mis hermanos que en mi antigua vida había tenido tendencias homosexuales y que en ese entonces disfrutaba de libertad, lo cual era cierto, pero poco a poco me fui descuidando y envolviendo de nuevo en estas tendencias y prácticas, todo en silencio sin compartirlo a la iglesia, ni siquiera a mi mejor amigo con el cual tenía buena confianza.
Fue así como llegué a cometer pecados que no había cometido incluso cuando era inconverso, mi vida espiritual fue decayendo y empecé a tener una vida religiosa. Asistía a la iglesia, compartía con los jóvenes partidos de futbol y juegos sanos, llegue a involucrarme en el coro de la iglesia y a discipular a un joven; pero todo por tratar de ocultar la realidad de mi vida, e ignorando que Dios no puede ser burlado, un día en que no participé de la Cena del Señor, el anciano de mi iglesia hablo conmigo y confesé todo lo que era mi vida oculta, él me expreso su amor y preocupación por ayudarme siempre y cuando fuese sincero y tuviese genuino interés de cambiar.
Le compartí que ese era mi deseo y fue así como por amor fui puesto en un tiempo especial de disciplina en la cual la iglesia me ha rodeado con su amor y misericordia, de eso hace ya cinco meses, ahora después de haber completado los 60 dias del curso, puedo ver la gracia de Dios en todo, a su tiempo se descubrió todo, pero también a su tiempo Dios me llevo a encontrar el ministerio de Libres en Cristo el cual me dio este curso. Sé que el curso o los 60 dias no son los que me han podido dar libertad, sino que todo se debe a Dios y a su Gracia, Gloria sea a Dios por su inmenso amor y misericordia.









