RODRIGO

Tengo 34 años y tengo que ser honesto, mi vida sexual era un desastre. Hace cuatro años conocí a Jesucristo y desde ese momento mí vida ha cambiado,  ahora  veo la vida con esperanza, con ganas de ir mejorando, entendiendo que soy pecador, que estaba condenado por mis rebeliones. A pesar de todo Dios tiene el poder para transformar mi  desordenada vida.

Gran parte de mis problemas de acuerdo a lo que he ido descubriendo a la luz de la palabra inicia en mi niñez, tuve desde niño una relación muy difícil con mi papá, mucha reprensión y muy poca contención;  me hizo falta tener un padre a quien contarle mis problemas. Entre los 12 y 15 años sufrí el acoso de un familiar (tío), eso creó en mí muchas dudas respecto a mi sexualidad y debo confesar que muchas veces me he sentido atraído por personas de mí mismo sexo, entiendo ahora que Dios aborrece ese pecado (Lv 20:13; Rom 1:24). Provengo de una familia  profundamente católica, religión que practiqué durante mucho tiempo, pero me llevo  a dar culto a lo creado y no al Creador.

Vivía cautivo del pecado, aunque nunca lo lleve a cabo, la lucha era con mis pensamientos.  Paralelo a todo esto, a la misma edad comencé a ver pornografía, cada vez más seguido y por muchos años fui adicto a la masturbación. Sirvo en mi iglesia, el año pasado era líder del ministerio juvenil y sabía que no podía seguir llevando una doble vida (1 Co 7:2; 1 Co 6:9-10). Cuando estaba sumido en este pecado, sin muchas esperanzas de salir y engañándome a mí mismo pensando que al casarme todo esto terminaría, fue cuando el Señor puso en el corazón de un hermano de la iglesia hablarme de Libres en Cristo y sin dudarlo sentí que esa conversación era bajo la voluntad del Señor y con el propósito de bendecir mi vida, sabiendo que no iba a ser fácil, pero que era momento de tomar decisiones radicales y valientes. Dentro del proceso, me tocó doblegar mi orgullo, dejar atrás la falsa imagen de “hermano consagrado” para llegar a ser un hijo de Dios cautivo que necesitaba ayuda urgente. Confesar fue  complicado y al hablar de eso fue como cortarle un brazo al poder que esto tenía sobre mi vida. La restauración vino a cada instante como un bálsamo sanador, a medida que sacaba cosas a  luz, sentía que cadenas de opresión se cortaban dentro de mí, Dios golpeaba la puerta de mi corazón una y otra vez, sacando toda la inmundicia que pudiera haber en mí a medida que el pecado oculto era descubierto, también experimente el arrepentimiento genuino y el perdón que viene de nuestro Padre celestial. En este proceso tuve la ayuda de Dios, de mi mentor y amigo Alexis Bastias y tres compañeros de responsabilidad, entre los cuales se encuentra mi Pastor y dos hermanos que el Espíritu Santo ha utilizado poderosamente. El vivir en libertad me ha devuelto la comunión con el Señor y con el resto de hermanos, el no necesitar el pecado sexual para sentirse pleno y permitir que Él llene nuestro corazón es algo maravilloso, por lo que vale la pena luchar día a día.

Él ya lo hizo todo y tiene el poder para cambiar vidas, gustos, conductas. Pude experimentar 2 Corintios 12:9 Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.  En toda su plenitud, en el nombre de Cristo Jesús. Una motivación grande para este proceso fue hacerlo todo para la Gloria de nuestro Dios y la convicción de que pronto sonará la trompeta y volaremos a su encuentro.

2017-01-05T16:23:42+00:00 5 Enero, 2017|
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