PABLO

Muchas circunstancias me llevaron a crecer viéndome como un homosexual.

Conocí a Cristo a los 16 años. Anteriormente había sido una época en la que como adolescente había perdido todo el temor de Dios, viviendo una vida totalmente distorsionada a escondidas de mis padres. Muchas circunstancias me llevaron a crecer viéndome como un homosexual. Crecí usando como excusa los traumas generados por el bullying, mis inseguridades y mi relación con mis padres; lo más fácil era evitar a toda costa el reconocer mi pecado y mi responsabilidad por mis acciones. Desde los 12 años comencé a llevar una vida escondida dependiente de la pornografía homosexual. Eso no fue suficiente, por lo que comencé a involucrarme más y más en el pecado hasta llegar a un punto que esta descrito de muy buena manera en el Salmo 40:2; caer en el lodo cenagoso. Fue en ese punto de quiebre cuando toqué fondo y me di cuenta de lo insatisfecho que estaba mi vida; necesitaba del Salvador, de alguien que me limpiara y aceptara mi arrepentimiento.

Luego de conocer a Cristo aún tenía muchas tendencias pecaminosas que traía con mi antigua naturaleza: mis mayores luchas eran la masturbación, la pornografía y las maquinaciones sexuales en mi corazón. Cuando tomé la decisión de seguirlo le dije ” No me imagino realmente como planeas hacer para transformar esta vida llena de pecado, pero aun así decido confiar en ti”. Cuando llevaba 4 años de conocer a Dios, examine mi vida y me di cuenta de cómo había estado todo este tiempo en lo mismo. No había fruto en mí y la  relación con Dios se había convertido en una rutina, no podía desafiarme a seguir creciendo espiritualmente porque siempre estaba esa frustración de ser un fracaso en el área sexual; “de ser el mismo que hace 4 años”. El pecado me había llevado a vivir desesperanzado, lleno de temores e ideas sobre mí mismo que satanás aprovechaba para mantenerme en esa derrota. Acudí a mi líder de jóvenes el cual me derivó a Libres en Cristo. Acepté esperanzado de poder cambiar y luego continuar con mi vida, pero Dios tenía algo preparado para mí.

Desde la lección 1 cambió toda la perspectiva de mi vida; el centro no estaba en mi ni en mi recuperación, sino en que mi vida es para celebrar la gloria de Dios. A medida que avanzaba era difícil dejar las ataduras del pecado con las que tanto tiempo viví, pero increíblemente pude hacerlo en el poder de Dios siempre enfocado en lo eterno como me animaba mi mentor Kevin Alvarenga. Dios ha ido respondiendo esa pregunta con la que comencé mi vida cristiana. Ha ido transformando mi vida de manera increíble; realmente ya no reconozco al antiguo Pablo. Su poder es tan grande que ha ido cambiando mis gustos, mis expectativas, mis sueños y las cosas que deleitan. Si bien a veces vienen sentimientos de culpa y temores en la medida que crezco de la mano de Dios van disminuyendo; me anima pensar que él quiere que llegue a la estatura de Cristo con paciencia y en su dependencia. Hoy puedo darle la gloria a Él, y realmente quiero seguir enfocado en la santidad y libertad que me ha dado Dios.

 

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2016-10-16T19:45:34+00:00 15 junio, 2016|
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