MOISES

Soy un hombre de cincuenta y dos años de edad. Mi papá era un hombre que leía mucho de todo tipo de libros, especialmente de poesía la cual acostumbraba a memorizar. Era increíble escucharlo repetir de memoria los versos mientras trabajaba en su taller de zapatería. Mi inquietud de niño especialmente travieso en una casa pequeña que compartía con mis tres hermanos  siendo yo el segundo hacía imposible que mis padres tuvieran un lugar privado para el resguardo de sus cosas. Recuerdo haber encontrado en el enorme ropero el revolver cargado de mi papá el cual guardaba según él en un lugar seguro y muy en alto como para ser alcanzado por sus pequeños. Pero mis padres no tomaban en cuenta que yo sabía perfectamente donde guardaban todo incluyendo las llaves de los lugares más inesperados. A los nueve años encontré sobre  el viejo  ropero junto a otros libros una solitaria  revista en la que aparecían fotos de mujeres desnudas, fue la primera vez que vi a una mujer sin ropa. El ver aquellas imágenes despertó en mí un temprano e inadecuado sentido de la sexualidad, en un mundo en el que los niños varones aprenden de sexo de sus compañeros mayores en la escuela. Mi padre quien se casó a los cuarenta y tres años de edad hacia enormes esfuerzos por sacar su hogar adelante con la ayuda de mamá quien tuvo al primero de nosotros a los 33 años. Crecimos sanos y fuertes gracias a la férrea disciplina de papá y a los cuidados amorosos de mamá. Pero en mi quedaron grabadas aquellas imágenes que me hacían preguntarme ¿cómo se vería tal o cual mujer sin ropa?

Durante las vacaciones de fin de año o en Semana Santa nuestros padres acostumbraban a enviar a por lo menos  dos de nosotros  a un poblado al oriente del país a la casa de nuestro abuelo paterno, un militar retirado que recibía de mala gana a una cantidad de nietos que lo desesperaban, entre ellos a mis primas mayores a quienes empecé a ver con deseo sexual, espiándolas mientras iban a la cama a dormir o se duchaban. Para mi sorpresa una noche la mayor de ellas se dio cuenta de que yo la observaba y argumentando que no tenía nada de malo se mostró totalmente desnuda ante mí. Aquel acontecimiento marcó mi mente con la idea de que a las mujeres les agradaba que yo las viera sin ropa tanto como a mí me gustaba hacerlo. Así se inició mi relación con el sexo opuesto, en adelante cuando veía a una mujer de mi edad o mayor que yo la desvestía con la mirada y en más de una ocasión me pude dar cuenta de que en efecto les agradaba mi proceder. Noté que uno de mis compañeros  y yo llamábamos especialmente la atención de las chicas y así inició una especie de competencia por quien de los dos era el mejor para conquistar compañeras de colegio o en la iglesia.

 

Lo que empezó como un juego llegó a convertirse en la única forma en la que sabía tratar a las mujeres. Llegué al punto de que no podía tener amigas porque mi forma de tratarlas las confundía, algunas pensaban que las cortejaba y luego se sentían engañadas. A otras si las corteje y obtuve lo que quise de ellas. Viéndolo en retrospectiva fue un comportamiento cruel, manipulador y abusivo. Conocí a muy buenas muchachas a las que seguramente les causé dolor por mi falta de sentimientos  y desconsideración. A pesar de mi conducta a los 19 años conocí a una muchacha de la que verdaderamente me enamore y con quien termine casándome luego de un noviazgo de casi cuatro años en el que cometimos fornicación siendo yo líder de jóvenes en mi iglesia. En medio de todo nos casamos porque en realidad nos amábamos pero nuestro inicio había sido sin lugar a dudas equivocado. Después de veintiocho años de matrimonio mi esposa me abandonó debido a que nunca pudo superar mis adulterios y mi forma de tratar a las mujeres aun después de pasados trece años de haber cometido estos pecados.

Hace trece años cuando cometí adulterio por última vez Dios trajo a la luz todo mi pecado en forma sobre natural, para mi esposa y mis hijos fue terriblemente doloroso, en realidad nunca podré saber el daño que les cause no solo faltando a mis votos matrimoniales sino por el abuso del que ellos fueron víctimas. Era muy frustrante a pesar de mis esfuerzos pues yo me acostumbre a relacionarme con las mujeres de una manera en la que me siento equivocadamente  cómodo aunque mi intención no sea sexual. Pasamos por un proceso de restauración matrimonial tortuoso pero ayudados por un pastor amoroso y dedicado, por una congregación que nos acogió como a su familia y una psicóloga que nos ayudó a entendernos nuevamente. A pesar de mis intentos de cambiar no lo lograba aunque lo intentaba con todas mis fuerzas. Mi esposa me recomendó seguir el curso de Libres En  Cristo el cual hoy estoy culminando. En el he aprendido que si es posible ser santo y que esa santidad es para la Gloria de nuestro Dios. Aprendí que se puede arrancar de raíz el pecado, aprendí la importancia del apoyo solidario de la rendición de cuentas a un grupo de personas a las que les debo su invalorable ayuda. Bendigo a Armando quien ha suplido una función crucial para mi matrimonio de manera amigable, con gran interés, dedicación y amor cristiano, igualmente a Carlos, Arturo  y su familia quienes me han pastoreado en este tiempo con  un nivel de compromiso que en verdad agradezco.  A mi hermano Rubén y a mi hermana Martita quienes siempre han estado allí para darme sus consejos, escuchar mis ansiedades y a mi preciosa madre quien siempre ora fervientemente por mí. Los bendigo a todos y agradezco su apoyo en mi permanente lucha por alcanzar la santidad.

Aprendí que es más importante vivir con un propósito y estar en la voluntad de Dios que cualquier placer, todos los días se vive una lucha mental, espiritual y física por superar el pecado pero la diferencia es que ahora sé cómo luchar y sé que no estoy solo. Le pido a Dios la restauración de las vidas que he lastimado, pido que Dios me dé un hogar nuevo en el que pueda honrarlo con mis esfuerzos por alcanzar la santidad y finalmente tener la oportunidad de ayudar aun en una mínima parte a los que como yo tengan el deseo de cambiar pero que aún no saben cómo.

Agradezco a Edwin Herrera por sus mensajes oportunos y su apoyo en oración, lo bendigo y pido a Dios que le conceda todas las peticiones de su corazón, que lo llene de gozo, de paz, bienestar y que lo siga usando para ayudar a otros en este precioso ministerio.

 

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2016-10-16T19:45:32+00:00 20 junio, 2016|
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