JONATAN

Al momento de llegar a Libres en Cristo no estaba seguro si era lo indicado; desde los 13 a los 19 años me había masturbado, y mi mente había sido sexualizada por esa hambre de placer egoísta. A los 19 años, Dios me hizo dejar la masturbación para siempre a través de un simple mandato en una predicación, y fue así de tajante: sentí el asco de mi falta e incluso el temor de que Dios se mostrara en gloria y poder (puesto que al igual que los hombres de la Biblia, “nadie puede verlo sin morir”). Sin embargo, lejos de ser consumido por mi maldad, el Señor me dio la dicha del perdón, por lo tanto siempre recordaré ese momento como el momento en el que el Señor hizo lo imposible cambiando mi mente para dejar el pecado sexual, y como el día en el que me mostró tangiblemente lo enorme que es  su misericordia, amor y perdón.

No volví a sentir culpa, no he vuelto a  masturbarme, porque Dios hizo una obra. Cualquiera hubiera pensado: “listo, tarea resuelta”.  Los años me mostraron que la tarea no estaba acabada. Dios había hecho su parte revelándome su voluntad a través de la Escritura, pero en mi mente seguían los pensamientos sexuales, el deseo oculto, y eventualmente caía en ver imágenes eróticas que alimentaban el pecado. Si bien, ya no me masturbaba, seguía pecando en mi corazón, y me sentía como aquellos fariseos a los que Jesús les decía: “os digo que cualquiera que mira a una mujer para desearla en su corazón, ya ha adulterado con ella”. Mi problema ya no estaba en la carne, sino  seguía en la mente. Y si no extendía una buena defensa, me iba a tomar por sorpresa algún día, e iba a caer. Conversé este asunto con un líder del ministerio universitario en el que sirvo, le compartí lo falso que me sentía de tener fantasías sexuales incluso con hermanas que pertenecían a la congregación y la necesidad que tenía de tener una guía para saber qué hacer. En ese momento, me recomendó  Visión Clara de Libres en Cristo.  Pensaba que este curso era para personas que tienen adicciones más grandes y que lo llevan a la acción, pude comprender que  mi concepto de tentación sexual era equivocado. Inicie el curso, y desde un inicio empecé a notar cambios, el curso me exigió tomar hábitos formales de devocional matutino, de oración,  meditar y estar consciente del problema. Me hizo estar más atento a lo que dejaba entrar en mi corazón, recibí herramientas para reemplazar el pensamiento sexual  con la Escritura y oración. Hoy soy más consciente que nunca que la lucha sexual es algo con lo que todo humano convive (si no es en lo sexual, es en cualquier otro tema), pero tengo la gran esperanza de que Cristo venció, que su sangre me redimió, y que su poder nos empodera. Los 60 días acaban, pero el cambio de hábitos seguirá hasta llegar a la estatura de la plenitud de Jesucristo. Amigo lector, persevera y ten ánimo. Jesucristo ya venció por ti y por mí; no desea que seas autosuficiente, sino que desea que reconozcas que Él es suficiente para ti. No te canses de hacer el bien, porque a su tiempo cosecharás si no desmayas.

2017-01-05T16:16:55+00:00 5 Enero, 2017|
¿Necesitas Ayuda para ser libre del pecado sexual?
Inscríbete hoy en nuestro programa de consejería en línea.
Empieza haciendo clic aquí