Yo estaba viviendo una doble vida y luchando por mis propias fuerzas, deje que el pecado se apoderara de mí y aprendí a controlar todo a mí alrededor. Desde pequeña confundía el concepto de amor y eso me llevo a buscarlo en relaciones sentimentales y de formas equivocadas, agregado a todo eso que trataran de abusar de mi cuando era pequeña.

Abrir un poco la puerta al pecado hizo que mi mente se perturbara de todo lo malo que había sucedido, pequeñas cosas comenzaron a infiltrarse en mi vida, de hecho la rebeldía fue la gran ancla para todo. Nací en un hogar cristiano, sabía quién era Dios, desde pequeña siempre me ha gustado servir, sin embargo, estaba siendo hipócrita, al auto engañarme y pensar que nadie sabría lo que pasaba conmigo. Estaba en relaciones que no me convenían y   comenzaron a filtrarse muchísimas imágenes y conversaciones que incitaban al pecado sexual, trataba de dejarlo pero hasta que no confesé mi pecado a Dios no fui completamente libre. Había avanzado un poco, no obstante luego me fui dando cuenta de todo el daño que había causado en mi corazón, me costaba aceptarme como la mujer que Dios me ve, y en varias ocasiones solía ser yo la que buscaba la forma en como caer en esto de nuevo. Estaba buscando el placer de forma equivocada. Encontré Libres En Cristo una vez que navegaba por Internet, pero no le di la  importancia necesaria y es que no quería aceptar que esto también les pasaba a las mujeres o a mí principalmente.

Tenía miedo de lo que mis padres fueran a pensar o que los demás me fueran a criticar. Note que uno de mis seres queridos había caído en  pornografía, sentí que todo regresaba a mí de nuevo y comencé a orar a Dios que me librara y en una cumbre mi pastor de jóvenes estaba hablando sobre el test que había en la página, decidí hacerlo y el resultado fue que necesitaba ayuda. Desde que tome la decisión de tomar el cuso, no solo para aprender si no para vivirlo, he podido ver la mano de Dios en cada área de mi vida, las luchas siguen allí, pero sé que es Dios quien toma conmigo esas cargas. Sigo enmendando los daños que he causado a mis seres queridos, cuido mi mente, mis ojos, mis oídos, mi corazón y todo mi ser para darle siempre la gloria a Dios en todo. He aprendido a vivir una vida devocional activa, a encontrar mi verdadera identidad y el placer en él, he conocido a una gran persona mi mentora Kenny, que me ha ayudado y apoyado durante todo el proceso. Ahora la culpa ya no está, esa carga se ha ido y ha sido cambiada por una libertad, paz, amor y sobretodo agradecimiento por las maravillas que Dios está haciendo conmigo cada día. Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción. Isaías 10:27. (RVR1960).