Hoy me siento más enamorado de Dios de lo que nunca sentí estar porque me siento más cerca de su corazón y nunca me quiero separar.

Soy hijo de pastor. Como te podrás imaginar crecí en un hogar con bases cristianas y un excelente modelo de vida por parte de mis papás. Sin embargo, como le he escuchado muchas veces a mí papá decir “Dios tiene hijos pero no tiene nietos” y nada de eso iba a ser suficiente si yo no tomaba la decisión personal de invitar a Cristo a reinar en mi corazón y eso hice. Teniendo 12 años cuando acepté al Señor en mi corazón, decidí bautizarme y empecé a imaginar mi vida sirviendo a Dios,  ¡Tenía tantos sueños!, pero al mismo tiempo tuve mis primeros contactos con la pornografía e inicie  a masturbarme. Sabía que algo no estaba bien, no se sentía correcto pero aun así, siempre volvía a hacerlo. Me sentía mal pero cada vez que me sentía así  lo hacía de nuevo.   Era como un escape cuando tenía rabia, tristeza, melancolía, ansiedad  ¡Qué ironía! ¿No?,  fui adicto a la masturbación y a la pornografía durante aproximadamente 10 años sin darme cuenta del daño que le hacía a mi cuerpo, a  mi relación con Dios y con los demás.

En mi algo se estaba distorsionando y empecé a ver a las mujeres como un simple objeto de placer, a las  que podía utilizar cuando quisiera sin pensar en sus sentimientos. Todas mis relaciones con el sexo opuesto comenzaron a mancharse por el pecado sexual y todo esto ocurría mientras servía en la congregación que mis padres pastoreaban. Llevaba una doble vida. Tenía una vida oculta. Yo trataba de dejarlo, lo intente muchas veces pero una y otra vez fracasé. Fueron tantas veces que le dije a Dios “Perdóname, no lo vuelvo a hacer” que llegué a creer que nunca podría salir de ese ciclo de caer y levantarme. Sin embargo, ¡Dios siempre estuvo ahí! Aun cuando menos lo esperaba, Dios extendía sus brazos con misericordia y amor para levantarme y darme una nueva oportunidad. Recuerdo las muchas veces y las miles de  maneras que utilizó para hablarme y hacerme reaccionar, realmente me amaba más de lo que pudiera llegar a imaginar.

Toqué fondo y  entendí que no hay amor más grande que el de aquel que estuvo dispuesto a pagar mi deuda en la cruz para hacerme libre.  Necesitaba desesperadamente correr a la gracia de mi Dios y Él no me esperó. En cambio, salió a mi encuentro.  Vino a buscarme y a darme lo que tanto necesitaba: Libertad. Un amigo muy cercano de mi congregación y uno de los líderes que por la gracia de Dios tenía bajo mi cuidado me hablaron de Libres en Cristo, me habló de su testimonio de vida y como el curso de 60 días lo había ayudado a salir de su pecado sexual. Yo era testigo de la clase de cristiano que era mi amigo Kevin Garcia, su testimonio y la dirección de Dios, me hicieron tomar Visión Clara.

Hoy puedo dar gloria a Dios por lo fiel y bueno que ha sido. Hoy puedo decirlo sin temor a equivocarme: ¡Soy libre! Entendí que debía dejar de intentar salir de mi pecado por mis propias fuerzas y para mi propia gloria,  debía descansar en la gracia de Dios y saber que se trataba de llevar una vida que le diera la gloria al único digno de recibirla, a Dios. Hoy sé que puedo confesar mi pecado a Dios y en él encontrar perdón, redención y puedo compartirlo con otros para encontrar sanidad, puedo dar frutos de arrepentimiento genuino en mi caminar diario e incluso estoy ganando la batalla en mi mente contra los recuerdos y pensamientos pecaminosos. La palabra de Dios está renovando mi mente mediante el obrar del Espíritu Santo y realmente soy una nueva persona. Ya no tengo temor de mirar a otros a los ojos, ya no busco aislarme cuando algo no está bien, todo ha vuelto a cobrar sentido. Mi dolor y todo lo que viví durante esos 10 años hoy tiene un nuevo sentido y un propósito que es Glorificar a Dios por lo que hizo para liberarme. Mi relación con mi familia ha mejorado mucho, trabajo en recuperar la confianza que perdí hace tiempo y sé que voy por buen camino. He vuelto a encontrar placer en cosas pequeñas como salir a comer con mis amigos, es más he vuelto a tener amigos. Lo más importante es que nuevamente tengo sueños, otra vez quiero servir a Dios durante toda mi vida. Tengo proyectos a nivel profesional a los cuales había renunciado, tengo una nueva esperanza. Vivo feliz por lo que Dios ha hecho en mi vida, vivo feliz disfrutando su amor cada día, sus palabras, sus consejos, sus detalles. Hoy me siento más enamorado de Dios de lo que nunca sentí estar porque me siento más cerca de su corazón y nunca me quiero separar. Nunca más quiero volver atrás, ya no soy aquel cristiano que llevaba una vida doble. Soy honesto con Dios, con mi familia, con mis amigos y sobretodo, conmigo mismo. Cada día vengo a Dios a poner mis acciones, palabras, pensamientos y motivaciones en su lupa y cuando algo no anda bien, sé que juntos podemos trabajar por mejorarlo.  Por fin, el horizonte se ve claro y conmigo va El que más interesado estuvo en mi restauración. Mi amor eterno, mi Dios. Hoy no me avergüenzo de contar a otros lo que fui porque eso quedó atrás. Hoy puedo darle la gloria a Dios por hacer lo que nadie más pudo ni podrá, por darme verdadera libertad en Cristo Jesus. Te animo a que si estás luchando contra el pecado sexual, te acerques a Dios. Toma este curso de 60 días que te dará maravillosas herramientas para vivir y cuidar la libertad que Cristo ganó para ti en la cruz y recuerda ¡No estás solo!

 

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