Nací en un hogar cristiano y por lo general estuve vinculada e involucrada activamente en los ministerios de la iglesia a la que asistía, con los años llegue a ser parte del liderazgo juvenil y a dirigir  el ministerio de alabanza. Esto hacía que los demás miembros de la congregación me vieran siempre como “un ejemplo” a seguir, tuve un padre muy estricto en casa, me maltrataba física y psicológicamente en algunos momentos, era muy perfeccionista y me obligaba a ser “perfecta” de cierta manera.

Cumplí 18 años y tuve mi primer enamorado, me fui en contra de mi familia porque nunca estuvieron de acuerdo con esa relación. Sin importarme seguí en la misma y  en pocos meses involucre sentimientos muy fuertes de dependencia hacia él y fue fácil caer en pecado. Inicie a tener una vida sexual activa, me cuidaba con pastillas e inyecciones anticonceptivas, llegue a usar la pastilla del día. Tuve relaciones fuera del matrimonio por más de 5 años y seguía sirviendo de igual manera en la iglesia; para mí era un martirio tener que llegar a servir  y saber que antes había tenido relaciones. Me sentía la peor basura, inmunda, hipócrita y todos los malos calificativos existentes. Nadie sabía lo que pasaba porque pensaba que todos me juzgarían y me sacarían de los ministerios en los que estaba incluida. A causa de eso estuve en depresión y mis pensamientos eran incluso de ya no querer vivir, le decía a Dios: “Vez cuanto te fallo, sería mejor ya no vivir para no pecar más”.

Mi relación no era sana, el me mentía, me fue infiel y a pesar de todo lo perdone. El último año de la relación empecé a tomar, ir a fiestas, discotecas, etc. Aun así dejaba pasar todo eso por la codependencia, yo era muy consciente de lo que pasaba, de su manipulación, mentiras y demás, pero no podía salir de eso, pensaba que la única solución a dejar de pecar era casándonos. Llegue a cansarme de él, pero fue el quien termino la relación y  no puse objeción. A pesar de eso nos veíamos solo para tener relaciones, hasta que no aguante más lo que sentía, porque de cierta manera yo accedía igual por satisfacer mi deseos carnales. Mi líder me propuso ser mentora de Libres en Cristo por mi profesión como Psicóloga Clínica y acepté serlo, cuando inicié el curso empecé a ser realmente libre, yo me daba la gloria a mí misma porque pensaba que por mis conocimientos y por mi pensamiento podía salir de eso, y en la primera lección me di cuenta recién que la gloria era para Dios y todo era por él y que no debía jactarme de mi misma. Ha pasado casi 1 año de todo eso y agradezco a Dios que todo ayudó a bien, con el curso pude rendir cuentas de mi vida incluso con mi líder, mi relación con Dios ha mejorado y me siento bendecida, me siento apoyada y sobre todo libre.