Soy Adonai, soy de México y tengo 26 años. Les quiero compartir mi testimonio. Durante 14 años estuve enredado en la pornografía y la masturbación, sin saber lo que implicaba estás acciones en mi vida y para mí esto era algo normal.

Conocí a Dios a los 17 años y note que mis acciones no eran las correctas, desde entonces luche para sacar de mi vida esa maldición. Al ver que no habían cambios, poco a poco deje de luchar; pensaba que nunca podría dejarlo a pesar que ya había empezado hace unos años a rendir cuentas. Llegue a tocar fondo convirtiéndome en alguien irreconocible, un abusador. No hablare de detalles, pero estuve a punto de convertirme en uno. Lastime a muchas personas y entre ellas la mujer que amé, y que me amó, ella no pudo continuar con la relación y esta es solo una de las consecuencias del pecado, adicional  trae destrucción y dolor. Al caer tan bajo necesitaba ayuda, ya que estaba destrozado.

No podía con todo eso, busque ayuda, hable con todos mis amigos más cercanos  y les conté absolutamente todo. Mi hermana me sugirió el curso de Libres en Cristo, y decidí iniciarlo. Fue sorprendente ver como Dios me hablaba por medio del curso y sentirme acompañado por una persona que no me conocía pero vivió lo mismo que yo, Fernando Peña, mi hermano de Guatemala. Dios toco puntos muy importantes en mi vida, algunas pensé las sabía pero realmente deje de practicarlas, otras fueron nuevas. Aprendí que el propósito de mi vida es honrar y glorificar a Dios, que ÉL nos ha llamado a ser sus hijos y que no nos va abandonar jamás, a pesar de las cosas que hayamos hecho en el pasado. Esta es la primera vez que he sentido a Dios presente en mi vida, pero literal sentir la presencia de Dios y ver como él  me va limpiando, puliendo y sanando.

Hoy puedo decir que soy libre de la adicción y  durante el curso no he visto pornografía y no he tenido la necesidad de hacerlo. Esto  ha sido un milagro, porque durante muchos años le pedí a Dios que me lo quitara, pero no veía que fuera así. Para Dios no hay imposibles y lo hizo conmigo. Y si lo hizo conmigo lo puede hacer por ti, tu que estás leyendo esto, Dios está contigo y no te abandonara. El primer paso es aceptar que tienes un problema, arrepentirte y dejar que Dios transforme tu corazón. Ahora sé que me ha dado la victoria y puedo compartir con otros mi testimonio, sigo haciendo muchos cambios en mi vida y poniendo mi esperanza en él.